Cosas de Frikis
El alfa y el omega de los blogs molones

CARTA DE UN FRIKI: EDICIÓN DE AGOSTO

Buenaaas… como estamos de fiesta y sé que Adbar ya pasa de venir a la redacción, voy a pasarme por su ordenador, robarle alguno de los emails que envían a su sección de contestar el correo de frikis que le cuentan problemas, y dejarle sin temas que tratar el día que se aburra de hacer sinopsis de pelis con Bruce Campbell.

Un tal “Ben” nos escribe para contarnos una historia desgarradoramente humana:

“Queridos frikazos. ¿Que pasaaaaaa? Nada, que a veces me leo vuestro puto blog para echarme unas risas, y como que me he dicho… ¿por qué coño no les envío un email a los frikis estos a ver si me pueden aconsejar algo?

Vereis, yo y mi parienta eramos muy felices. Felices de la hostia: no habíamos tenido críos porque ambos odiamos a los mocosos de los cojones a muerte, no me hacía falta trabajar, porque habíamos empezado un negociete en el que mi santa cocinaba galletas de maría, y las vendíamos a tutiplén, especialmente cuando nos montabamos con todo el vecindario esas peazo de orgías de intercambio de parejas que duraban todo el puto fin de semana.

Y entonces tuvo que coger el mongolo de mi hermano y diñarla en un accidente. Mi hermano siempre había sido un soplapollas, y la estrecha de su mujer, más, así que no problema por mi parte, hasta que me enteré de que me habían dejado al cuidado del puto crío.

¿Sabes esos niñatos repelentes sabelotodo que hay uno en todas las clases? ¿El niñato que siempre levanta la mano cuando piden voluntarios para salir a la pizarra y que está pidiendo a gritos que le uses de saco de boxeo cuando toque recreo? Pues multiplica eso por mil. Menudo empollón cuatroojos cursilón y lameculos que me ha tocado como sobrino. Siempre tiene que ir por allí demostrando lo listo que se cree. Me toca los cojones un montón.

Y claro, con lo que hemos de dar un buen ejemplo al puto sorbemocos, se acabaron las drogas. Se acabó el sexo salvaje… Incluso nos vemos obligados a actuar como un par de pánfilos delante del mongolo del niño, no sea que le dé algo. Joder, si mi mujer no ha cocinado un plato en toda su puta vida… lo único que sabe hacer en la cocina es follar y las galletas de marihuana… así que estamos alimentado al chaval a base de galletas de chocolate (del de verdad, del que deriva del cacao).

Odio tanto al pequeño parásito, que hasta le doy dinero a uno de sus compañeros de clase, un chaval molón llamado “Flash” que solía comprarme género antes, para que le de una somantapalos cada vez que pueda. Y es que el chaval no calla nunca. Joder si es pesado. Lo único que puede dejarle en silencio es cuando le suelto alguna frase que suene a profunda, con lo que el mongo, que es listo para los estudios, pero un puto autista para todo lo demás, se queda meditando un rato. Y eso que sólo son las frases hechas chorras que salen en una agenda cutre que me regalaron. Ayer le solté un dicho de lo más gilipollas, algo sobre que un gran poder conlleva un gran nosequé, y el puto sobrino se lo tomó como si fuera algo asombroso. Jodío cabezabuque.

No, si mirad si le detesto, que el muy mediolila llegó el otro día de una excursión con su cole quejándose de que le había picado una araña, y deseé que el bicho fuera venenoso. No hubo suerte, el cabrón está más sano que nunca.

Lo que yo quiero saber es… si le quedan un par de años hasta que se vaya a la facultad y nos libremos de una puta vez del muy capullo… ¿qué más puedo hacer para putearle disimuladamente por habernos jodido la vida?”


Mmmm… lo que me cuentas es ciertamente grave, Ben. Sí, tu sobrino suena ciertamente a lamenabos gafapastoso. Pero recuerda que las pequeñas torturas psicológicas a veces son más efectivas a largo plazo que los ataque directos. Una de mis formas de puteo favoritas es el asustar a los mierdosos como tu sobrino. La próxima vez que oigas en plena noche ruídos en la cocina, o donde coño sea que creas que está el moñas ese, en vez de aparecer diciendo cosas como “¿Hay alguien ahí?” o nada que le ponga sobre aviso, vas sigilosamente y le sueltas un grito mientras está distraído, para que se cague en las bragas.

Confía en mí. Nada puede salir mal haciendo eso.

Ah, otro cliente satisfecho. Y recordad que en CdF no ólo os insultamos. También nos preocupamos por vosotros. Lo último que he dicho es mentira. Ja, hasta nunca, zánganos.

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