Cosas de Frikis
El alfa y el omega de los blogs molones

CON DOS CAÑONES, COJONES…

Bueno, este verano, por si todavía queda alguien que no se hubiera dado cuenta, lo que se lleva son los piratas, que le han dado un buen repaso, al menos en taquilla, al Superlanas, demostrando que donde este un tío de moral laxa rodeado de alcohol y furcias (joder, cualquier redactor de CdF) que se quiten los timoratos musculados e inmaculados con complejo mesiánico y cara de no haber roto nunca un plato.

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La verdad es que los frikis que somos un poco mayores y tenemos canas hasta en nuestras partes pudendas, no nos extraña ver el éxito que está cosechando “Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto” (si, lo habéis adivinado, pongo el título solo para aumentar las visitas de esos jodidos incautos… ahora lo completo con la cadena “link emule” y ya está la trampa tendida) más que nada, porque se dedica a fusilar sin descaro la mejor aventura gráfica jamás programada, el…. (redoble de tambores) MONKEY ISLAND.

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El “homenaje” es a veces tan descarado que descarado que salta a tu cara como un puñetazo y se podría escribir un post solo con esos pequeños detalles: Esa bruja Vodoo en el pantano, esos piratas zombies, esa hija del gobernador, esa isla Tortuga, ese Will Turner luciendo en esta segunda parte el mismo traje que estrenó para tal ocasión nuestro querido Guybrush… pero hoy no, hoy vamos a hablar del Monkey, que coño, que para eso esto es CdF y el juego lo merece, no en vano todo friki que se precie en algún momento de su vida se ha tenido que enfrentar al desafío que nos propusieron Ron Gilbert y su panda de tarados (Steve Purcell, Tim Schafer y Dave Grossman) hace ya la friolera de 16 añitos.

El Monkey Island fue, aparte de la consagración de un sistema de juego que ya nos había regalado joyitas como el Loom o el Maniac Mansion, una auténtica escuela donde los mas avezados jugones nos curtimos como si de las calles de Harlem se tratase… ¡ay!, la de veces que he escapado de una trifulca usando el viejo truco del mono de tres cabezas!; y a huir no fue lo único que aprendí, no se crean, también beber Grog como un corsario y a insultar ¿cómo? ¿qué insultar sabe cualquier? me refiero a insultar CON ESTILO, del mismo modo que me adiestró la Swordmaster Carla, una técnica que perfeccioné en mil y un duelos, dejándome marcado de por vida ¿quién no recuerda estos grandes clásicos?:

– ¡Llevarás mi espada como si fueras un pincho moruno! / Primero deberías dejar de usarla como un plumero.
– ¿Has dejado ya de usar pañales? / ¿Por qué? ¿Acaso querías pedir uno prestado?
– ¡Tienes los modales de un mendigo! / Quería asegurarme de que estuvieras a gusto conmigo
– ¡No pienso aguantar tu insolencia aquí sentado! / Ya te están fastidiando otra vez las almorranas, ¿Eh?

Pues semejante muestra de ingenio y zafiedad surgió de la mente de Orson Scott Card, ese que hace no tanto guionizó la versión Ultimate de la infancia del Latas, lo que son las cosas.

Aún así, con todas sus virtudes, que son muchas, empezando por el magistral uso del humor, El Secreto del Monkey Island no es el videojuego perfecto… porque ese lugar lo ocupa la segunda y hasta el momento, última entrega, de la saga, La venganza de Lechuck… si, vale, existen más entregas, pero no tienen ni la mitad de idiosincrasia, son como un mal sueño que es mejor olvidar, que es lo que yo ya he hecho.
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Pues eso, programado con solo un añito de diferencia, suplió la mayor parte de las carencias del MI, puliendo el apartado gráfico (y de que manera) e incorporándole una banda sonora, más allá del speaker… vamos, que se mejoró lo único que se podía, el apartado técnico. Y había un concurso de gapos, el sueño de cualquier friki… snif, snif, me pongo nostálgico y no paro.

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Largo LaGrande nos enseñó a levantar la pasta con garbo y salero

En fin, hasta aquí el repaso de hoy… ¿cómo? ¿qué no ha tenido ni pizca de gracia? pues piensa en Ron Gilbert diciendo, hace ya bastantes añitos, que el videojuego estaba inspirado en la atracción de Disney “Caribbean Pirates”, y ahora imagínatelo sentado en su sofá mientras piensa una y otra vez la cantidad de pasta que ha perdido por decir semajante gilipollez al tiempo que se golpea con una banana en la cabeza… ¡yo me descojono!, saludos frikis y hasta la semana que viene.

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