Cosas de Frikis
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ANÁLISIS CdF: BARRIO SÉSAMO

El ser padre lleva a un friki a hacer descubrimientos inquietantes, y es una ocupación a tiempo total que está llena de interrogantes… ¿cómo lograr que no me salga gafapasta? ¿por qué tardan tanto en salirle los colmillos? ¿cómo sabe siempre qué hacer para que yo haga lo que ella quiera? ¿es malo dejarla jugar tanto con los cuchillos de cocina? ¿quién le ha enseñado a lanzar shurikens? ¿ese gesto que hace es el de una Kame Hame Ha?

En fin… otra de las cosas a las que te obliga es a rezar para que se haga mayor de una $%&@# vez y empiece a pedirte que la lleves al cine a ver todas las pelis de animación que no puedes ir a ver con su madre porque no le gustan, (esto es, que se haga mayor SOLO UN POCO) porque estás harto de ver el canal Playhouse Disney y te mueres por cambiarlo por pelis de Pixar.

Y aquí empieza el post de hoy… con ese canal. De todas las cosas que ha visto la niña en él, la que más le gusta con diferencia es Barrio Sésamo (Juega conmigo Sésamo se llama ahora, y salen unos cuantos de los personajes clásicos (Epi, Blas, Coco, Aurora, Triki, Elmo y poco más) mezclados con refritos del Barrio Sésamo setentero de toda la vida.)
Por lo tanto tengo el disco duro del DVD petao de programas de Juega Conmigo Sésamo que la niña se traga cada vez que la quiero tener quieta unos minutos, o cuando le damos la manduca. Ergo: me he tragado más Epi y Blas en el último año que en los veinticinco anteriores.
Y viendo el programa he llegado a cuestionarme algo: ¿Cómo hemos podido salir tan normales nosotros viendo esos programas?
Joder, tengo un recuerdo infantil de Epi y Blas como algo cojonudo, de Supercoco como el puto amo, y de todo Barrio Sésamo (hablo del americano, no de Caponata y Don Pimpon con Chema y todos esos jipis piojosos hasta el culo de speed) como algo entrañable, amable, bonito, culturizante (arriba, abajo, cerca, lejos, pesado, ligero.)
Pero no.
Cualquiera que tenga niños o se siente a las 21:00 horas a tragarse el programa en el dial 32 del CSD lo tiene muy claro: LOS DE BARRIO SÉSAMO SON UNOS CABRONES DE CUIDADO.

Veamos:
Por un lado tenemos a la pareja por excelencia de la tele: Epi y Blas, padrinos honoríficos de la serie Queer as Folk.
Blas (tío segundo del limón Gazmoño que luego acabara liado con Fray Chiquen… y el que no coja la referencia no sabe lo que se pierde…) es un tonto de los cojones que se pasa el día entero leyendo libros sobre palomas, jugando con el ordenador y ordenando su colección de clips. Tiene un carácter malo, pero malo, y se cree el amo pero siempre acaba siendo puteado por su pareja,
Epi, que siempre se queda con Blas. Epi es el típico tío que va de guay, de enrollado, de simpático, pero que luego es un cabrón con pintas. Toda su vida gira alrededor de una cosa: putear a su pareja. Siempre está haciéndose el tonto, va por ahí como fumao, con su eterna sonrisita (que parece el Hombre Medicina los martes que le toca postear) y haciendo que Blas pique una y otra vez en las trampas que le tiende.
Un fenomenal ejemplo para los niños esta pareja: qué no hacer en la vida. No seas un blando como Blas, no seas un cabrón como Epi, no fumes maría recién levantado como Epi, no te cabrees tanto como Blas…etc, etc, etc.

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Esto nunca nos lo enseñaron por la tele…

Luego está Coco el Acosador.
Este tío, aparte de vestirse como si fuera Superman con casco de Templario sin avergonzarse y ser el peor superhéroe de la historia (hasta El Gran Héroe americano aterrizaba mejor) es un pluriempleado que desarrolla tantísimos trabajos que seguro que la mitad de los parados de Barrio Sésamo están planeando matarle. Es camarero, profesor de gimnasia, fotógrafo, taxista y todas las cosas que os podáis imaginar… y eso quizás no penséis que sea malo per se, pero es que el tío desempeña todos los trabajos del mundo con una finalidad: putear a un pobre señor bajito con bigote al que está dándole la brasa el día entero. ¿Qué el pobre hombre entra en un restaurante elegante? Allí está Coco el camarero para joderle la comida. ¿Qué va a un fast food de pollo frito? Pues se jode, porque el chaval con el uniforme es Coco. Y así seguimos si que quiere hacer una foto de carnet, si quiere ponerse en forma o si quiere ir al museo: imposible, porque siempre aparece por ahí Coco para fastidiarle el día. Coco el implacable, Coco el ubicuo, Coco el que acecha en las sombras, Coco el pervertido que acosa a señores regordetes y bajitos con bigote que no le han hecho nada, simplemente por el placer de joderles el día…
Y encima no es que sea ninguna lumbrera.
Y por si fuera poco es un ególatra del copón, siempre cantando alabanzas sobre su pelo, su simpatía, su fuerte sentido de la amistad… un peligro, vamos.

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Y encima le huele el sobaco cosa mala…

¿Y qué decir de Triki, el Monstruo de las galletas?
A este desequilibrado ya no sé cómo podríamos llamarlo si no es “enfermo mental grave”. Porque cleptómano, ladrón, y cosas así no alcanzan a describir el grado de perversión que sufre este monstruo que, por lo que oí en las noticias, parece que en los USA ha cambiado las galletas por las verduras.
Es IMPOSIBLE verle en un capítulo sin que esté hablando de comer galletas o sin que esté comiéndolas. Es un vicioso de cuidado al que le pone el subidón de azúcar, digo yo, porque si no no se entiende que alguien pueda llegar a ser tan monotemático. La típica gracieta de la única neurona es totalmente aplicable a este tipejo que realmente sólo tiene una cosa en la cabeza: las galletas. Y encima es un guarreras, porque cada vez que pone a comer se le cae la mitad de la comida al suelo, y no lo he visto ni una vez coger una escoba para que no se le llene la casa de hormigas.
Un ejemplo deplorable de comportamiento, que incita a la gula y la satisfacción de los apetitos sin freno alguno ni moral aplicable…

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¡Saludad a nuestro simpático monstruo politoxicómano!

Y así podríamos seguir ad eternam, porque el Conde Drácula está pa que le cuelguen un cencerro y lo encierren, Elmo no sería más tonto ni intentándolo, Aurora es repelente, y los demás monstruos reunen entre todos el mismo intelecto que una chinchilla.

La pregunta que me haréis es porqué dejo que mi hija vea este tipo de programas (más le valdría ver Padre de Familia, Los Simpsons o megacutreces como el Tomate) si no tiene ni un maldito buen modelo de comportamiento…
Está claro: si yo salí tan bien tragándomelos, ¿por qué no iba a funcionar con ella?
Con lo que la pregunta que tendríamos que hacernos es ¿cómo coño hemos salido tan normales los de nuestra generación habiéndonos tragado este tipo de programas?
Joder, pensadlo, porque aquí hemos analizado a Barrio Sésamo, pero ¿y Marco? Una madre que abandona a su hijo y el niño coge con su mono y se larga solo, a la buena de Hitch, a buscarla. ¿Heidi? ¿Puede haber alguien más puteado que Heidi y la tía no paraba de sonreir? ¿Qué era, masoca? ¿Le iba que le dieran caña? ¿Jacky y Nuca, que son huérfanos son un buen ejemplo, o sería mejor el inspector Gadchet que es el colmo de la torpeza y estupidez humanas? ¿La Hora de Bill Cosby quizás, con ese padre esquizofrénico y hasta el culo de psicotrópicos? ¿La bola de cristal, o cómo los locos controlan el manicomio? ¿Los poemas de Gloria Fuertes de verdad que eran aptos para niños? Porque creo que alguien debería investigar la relación entre la posesión de sus libros y las conductas suicidas de algunos españolitos. ¿Qué valores aprendimos del Coyote y el Correcaminos, Silvestre y Piolín, Elmer y Bugs, que a más daño te hagas más gracia hace, o que hay que putear a alguien en la vida porque sólo hay dos tipos de personas: los jodidos y los que joden? ¿Los Autos locos eran educativos, o incitaban a que hiciéramos trampas siempre que pudiéramos? ¿Alguien ha pensado que nuestra generación consume tantísimas drogas por el efecto pernicioso de haber visto durante tantas horas dibujos de La Pantera Rosa? ¿El oso Yogui no era un ladrón y un glotón, aparte de bastante tonto…? ¿No nos idiotizaban con La Abeja Maya haciéndonos creer que todas las especies pueden convivir? ¿Cómo le sentaba a la psique del niño tras ver la serie comprobar que en la vida real Maya palmó aplastada por la chancla de papá en la piscina o devorada cruelmente por la araña esa con pinta de abuelita?

Lo dicho: no sé cómo hemos salido tan normales…

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