Cosas de Frikis
El alfa y el omega de los blogs molones

¡CORRE, OTAKU, CORRE!

Yo era una persona normal y corriente, aficionado al comic de tipos en pijama y a las series de televisión de los años ochenta… es decir: un tío que molaba. Por desgracia, una oscura noche, mientras, abrigado sólo con mi vieja gabardina, me exhibía desde un callejón a las ancianas que pasaban por la calle fuí mordido por una extraña chica con gafas vestida sin motivo alguno como la prota de Escaflowne. Desde ese momento una extraña sensación sacudió mi cuerpo. Me empezóa entrar la manía extraña de leer los cómics empezando por la última página y de derecha a izquierda (hay que admitir que gracias a ello, finalmente pillé el argumento del “Prometea” de Moore), y los dibujos animados japos empezaron a interesarme profundamente (y eso que la última serie de dibujos nipones que seguí fue “Oliver y Benji”, la de verdad, no la de ahora, la que tardaban seis capítulos en llegar al campo contrario, como tiene que ser.) No podía negar más la realidad: estaba infectado… me había convertido… ¡EN UN SUCIO OTAKU!

Lo sé, lo sé… puedo captar vuestras miradas mezcla de asco y lástima incluso mientras escribo. No me entendais mal, no soy un caso extremo de los de karaoke, pero sí soy un impactante experto en manga y anime… ¡Incluso me he dedicado a mirar series japos con actores reales!
¡Y me han molado! Así que, para los no iniciados…

KIMOTA OS LA INTRODUCE EN EL ANIME.

Regla número uno: Cuanto más chungo sea el pelo del protagonista, más chungo es el anime. Si el prota lleva un pelopincho más gande que el volumen de su cabeza y con más de dos colores, huye.

Dos: ¿Recuerdas cuando ibas a clase y los demás niños te hostiaban? Vale, ahora… ¿Recuerdas a ese chaval que era incluso más penoso que tú, al que hostiaban más, y que era el único ser en todo el mundo del que incluso tú podias abusar? En Japón hay muchos de esos, y al crecer todos se dedican a hacer mangas. Los protas de los anime son todos unos pringados mediolila.

Tres: Entre las muchas fantasías que tienen los mangakas para superar su complejo de inferioridad, destacamos las que se repiten constantemente:

-Pringadillo entra en contacto con un robot gigante y se dedica a meterse de tollinas con otros robots (eso se llama anime de mechas, pero no se pronuncia como lo de las mechas del pelo, sino “mekas”)

-Pringadillo conoce a un montón de mujeres impresionantes, que se meten en su vida. Por algún motivo incomprensible, la mitad de las mujeres se enamoran del comechinches, a pesar de que en el mundo real eso fuera ciencia-ficción, quizá con la excepción de “Love Hina”, en el que las chicas hostian y putean al protagonista de mala manera, como sin duda le pasaba al creador en la vida real. Eso se conoce como “Anime de Harén”.

-Pringadillo es un chaval patético, que descubre que es muy bueno en algún deporte. Entonces vemos que los japoneses se dedican a jugar a cualquier cosa haciendo el saltimbanqui, usando disfraces raros, y violando las leyes de la física como yo violo becarios. Eso se conoce como “anime deportivo”. Siempre hay un subtexto homoerótico. Siempre.

-Pringadillo se va a viajar por ahí sin ningún tipo de guardia paterna, a pesar de ser evidentemente menor de edad, simplemente porque es un aficionado a un juego de cartas y a coleccionar monstruitos. En el 2004 presenté una denuncia contra los creadores de Pokemon porque es evidente que habían basado sus personajes en mi tío Celedonio, quien se pasaba el día en la tasca jugando al mus, y por las noches se ganaba la vida con las peleas de perros. Por increíble que pareza, se negaron a tramitar mi demanda. Eso se llama “anime catch’em all”.

Cuatro: a pesar de que parezca que haya muchos tipos de animes, todos se pueden clasificar en dos grupos:
a: Aquellos en los que un demonio viola a inocentes colegialas con sus muchos tentáculos.
b: Los que no molan tanto.

Bien, con todos estos conocimientos básicos, ya podeis empezar a divagar por el mundo de la animación japonesa. Durante este año me dedicaré con más fruición a traer la temática otaku a CdF. Pero no la seman que viene, en la que hablaremos de relojes que flotan por el espacio y otras cosas de mucho miedo, de “huy que tuto que te cagas”. Y acabamos contestando a una pregunta que nadie se ha hecho… ¿como serían los Simpson si los hicieran en Japón?

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