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Top 5: Historias de mucho miedo…

La semana pasada os prometí que os llevaría de campamento y lo cumplo. Ahora cerrad los ojos e imaginaos… ¡Eh! ¡Acabad de leer el párrafo, y entonces cerrad los ojos, so ineptos! Si es que… como decía, cerrad los ojos e imaginaos que es de noche en medio del bosque… estamos todos alrededor de una fogata… El Hombre Medicina ha empezado a pasar los petas y Bolaloca y Neithan compiten en un concurso de encenderse los pedos con un mechero, como siempre… Entonces yo me acerco, me pongo la linterna bajo la cara y…

5 – EL CACTUS VIVO – Según cuentan, una típica maruja española recibe un regalo de su prima, que está de viaje en el Caribe. El regalo es un cactus, y aunque es el típico regalo barato y mierdoso que tú y yo tiraríamos al gato de la vecina, a la mujer como que le hace ilusión porque colecciona plantas.

El caso es que un día se da cuenta de que el cactus ese está actuando de forma rara, así que llama al horticultor dueño de la tienda donde compra las plantas y le dice que el cactus tropical ese se mueve como si estuviese respirando. Y que parecía respirar cada vez más deprisa. El horticulor, muy agitado, le dice que ella y todo bicho viviente de la casa salgan inmediatamente, no sin antes cerrar bien cerradas puertas y ventanas, y que sí, podría explicarle el motivo y tal, pero que le hace ilusión mantener la tensión dramática.

La mujer hace eso y, justo cuando cierra la puerta, oye como el cactus explota. Mira por la ventana y descubre que tiene toda la casa inundada de pequeños escorpiones. O quizá pequeñas arañas. O pequeños empleados de almacenes IKEA, lo que te dé más asco.

4 – LA AUTOESTOPISTA – Un chaval está circulando por Logroño (poner el nombre del lugar le da veracidad a la historia por no mencionar que cada vez que se menciona a Logroño alguien salta para hacer la rima fácil) y de repente se encuentra a una chica parada en la carretera. Como la chica estaba de buen ver, el hombre se para y le dice a la chica si quiere entrar. Probablemente esa historia pasaba en los ochenta o asín, porque hoy en día ni de coña se arriesga nadie a perder puntos del carnet.

En fin, que van por la carretera y el tipo intenta darle conversación, completamente en vano. Vamos, que la chica o va drogada o es autista o simplemente muy aburrida. Se acercan a una curva muy cerrada y la chica señala y dice “¡Yo aqui me mateeeeeeeé…!” Y desaparece.

Aparentemente, en este caso tenemos a un fantasma enormemente preocupado por la seguridad vial y que intenta hacer un favor al público. Quizá ponerse a gritar frases ominosas y desaparecer de sopetón en una curva peligrosa dándole al conductor un susto de agárrate y no te menees no sea la mejor de las ideas, la verdad, pero se agradece el intento.

3 – LAS VACACIONES EN MÉXICO – Como todos sabemos, porque lo hemos visto en pelis americanas rodadas en Hollywood, México es un lugar sucio y lleno de gente con grandes bigotes. Eso no amilana a nuestro héroe, que está pasando allí unos días.

De repente, el turista se encuentra a una mujer preciosa en un bar, hablan un poco, ella se lo lleva a un motel, echan un kiki, el tío se duerme, y se despierta en la bañera, repleta de cubitos de hielo, y una nota que pone: “pos váyase enseguidita a un hospital, mi cuate” (porque los mexicanos hablan como Cantinflas, obviamente). El hombre nota que le duele un costado, mira abajo y… ¡Descubre que le habían robado uno de los riñones!

Al contrario que otras tantas historias de miedo, esta tiene un final feliz. Sí, es cierto, le han robado un riñón al pobre hombre, pero por lo menos ha logrado echar un casquete, ¿y acaso no es eso lo verdaderamente importante?

2 – AMELIA – Aparentemente, una niña de seis o siete años hereda una ntigua muñeca de porcelana de una parienta receintemente fallecida (que es cuando se heredan las cosas, digo yo). La muñeca Amelia, le da un repelús que te cagas a la pobre chica, y mira que estaba acostumbrada a jugar con Bratz y otros bichos igual de deformes. El caso es que se niega a dormir con Amelia en la habitación, así que sus padres bajan a la muñeca al trastero.

Al día siguiente la niña asegura que la noche anterior había oído a Amelia decir desde el piso de abajo “Estoy en el primer escalón”. Sus padres no la creen, ni tampoco cuando al día siguiente la niña les cuenta que ha oído la voz diciendo que estaba en el segundo escalón, ni al cabo de una semana, cuando dice que Amelia ya está en el séptimo escalón, ni al cabo de dos semanas, cuando la niña les dice “Ayer por la noche oí a Amelia, y dijo “Estoy delante de tu puerta”.

A la mañana siguiente se encuentran a la niña con la cabeza partida en el suelo. Aparentemente, al levantarse de la cama se había resbalado con un patín y se había dado contra el suelo… lo curiose es que el patín ¡Se suponía que estaba en el trastero! Desde que oí esta historia que no he vuelto a mirar a mi muñeca inchable con la misma cara.

1 – EL LOCO DEL PALO – Oh, este clásico seguro que os lo sabeis: una pareja está aparcada en un descampado metiéndose mano (¿Qué van a hacer si no? ¿Jugar a “Magic”?) cuando escuchan por la radio que un loco peligroso se ha escapado del manicomio. Oyen un ruido fuera y el novio, que sin duda no ha visto una peli de terror en su vida, decide salir a investigar. Sí, vale, podría simplemente arrancar el coche e irse, pero como ya he dicho antes, un polvete es un polvete.

En fin, que la chica se espera y el noviete no llega, pasa un buen rato y sigue sin aparecer, y de repente oye en el capó del coche como unos golpes. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! La chica se caga, pero no tiene las llaves, así que simplemente cierra las puertas bien cerradas. De repente unos policías llegan con linternas y le gritan que salga del coche a toda prisa. Le dicen que vaya hacia ellos y que no se gire ni de coña, pero la chica no hace caso, se da la vuelta un momento y ve…

A un loco encima del capó dando golpes con un palo. Y ensartada en el palo… ¡La cabeza de su novio! Cuentan las leyendas que más tarde el loco se recuperó un poco y abrió una tienda de comics en Salamanca y hasta hizo un programa de radio, pero esa parte ya es menos creíble.

Y si con todo esto no podeis asustar a vuestros sobrinos hasta causarles un trauma que los deje socialmente inadaptados para los restos, no me llamo Kimota. Hasta la semana que viene, en la que toca el Cine con mayúsculas.

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