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EL REY MAGNANIMO Y SU BUENA HIJA

Cuenta la leyenda que hace muchos años en un reino muy muy lejano, gobernaba un rey justo y magnánimo. Este rey, un buen día, proclamo una ley que decía que todos los súbditos del reino deberían cantar “Sweet home Alabama” siempre que se ducharan después de haber jugado al parchis. La pena por desobedecer el edicto real era la muerte, a menos que el reo eligiera susto, cosa que nunca sucedió en mas de doscientos años.
Las buenas gentes de este país se quejaron amargamente. Tanto, que llegó a oídos del rey el descontento de su pueblo. Como era un rey justo y magnánimo, hizo que pregoneros gritaran por todo el reino lo mucho que se la repanfinflaba que estuvieran descontentos y contrató a Ole Ole para que actuaran en su cumpleaños, porque la cantante, una tal Marta Sánchez, le ponía brutote.
Como el pueblo quería en demasía a su justo y magnánimo rey, se levantó en armas. Durante quince días y quince noches, las buenas gentes de este bello país, lucharon contra el ejercito incansablemente, menos un día que pararon porque echaban por la tele el Barsa-Madrid.
Al decimoquinto día, un representante del pueblo leyó una lista de peticiones ante el rey. Los súbditos querían una foto dedicada para cada uno de la hija del rey, que estaba buena que te cagas. Además, querían que en cada hogar de ese reino, hubiese un barco pirata de Playmobil. Y por ultimo, exigían una gira nacional de los Chungitos, mínimo una vez al año.
El rey se puso muy contento al escuchar las peticiones de los paletos desdentados que eran sus súbditos y mandó ejecutar a miles de ellos y a otros miles que les hicieran cosquillas hasta que estuvieran a punto de mearse. Por desgracia, lo de las cosquillas fue la gota que colmó el baso. Y la rebelión se recrudeció.
El rey que ya se estaba cansando de mandar empalar campesinos, le consultó a su consejero como podía terminar con este conflicto. El consejero, un tal Bartolomé, que mantenía relaciones sexuales con una trucha a la que untaba de vaselina y se introducía por via anal, mandó que trajeran, pollo, pimientos, cebolla, un paquete de 12 tortitas “o del paso” y un bote de salsa mejicana “calvé”; y cuando hubo reunido todo, enseñó al rey ha hacer fajitas y burritos porque de cómo acabar con el conflicto no tenia ni puta idea.
Mira por donde, fue la hija del rey, que estaba buena que te cagas, la que puso fin al conflicto. Un buen día, un exnovio suyo, colgó en internet un video de la princesa, que estaba buena que te cagas, a cuatro patas mientras un pony le daba su merecido. Los súbditos se tiraron días y días hablando solamente del video y nadie se acordó mas de la ley de cantar “Sweet home Alabama” después de haber jugado al parchis. En todos los bares y tascas, la gente discutía alegremente si este video era mejor que aquel otro de la princesa, que estaba buena que te cagas, con dieciséis años siendo doblemente penetrada por el jardinero y el mayordomo mientras se la chupaba al capitán de la guardia.

La princesa

La moraleja de esta historia es clara: Si tu hija es un putón que se folla a todos tus conocidos, conocidas y animales de compañía mientras lo graba en video. No te enfades, que nunca sabes cuando te va a venir bien para algo.

Saludos Frikis.

(Nota de la redacción: Hoy no se me ocurria nada, asi que me dije a mi mismo, les cuento cualquier cuento y tomar por culo…)
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