Cosas de Frikis
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UN DIA EN EL SALON DEL COMIC DE BARCELONA

El amigo Juls (aka Julian Pmart) que ya nos ha enviado un porron de post, nos ofrece ahora una critica del Salón o algo asi, no se muy bien porque tampoco me lo he leido. El cadso es que nos viene bien porque como hoy le tocaba a Sabre y seguro que el pedazo de galletero no iba a postear nada. Os dejo con la cronica:

Crónica de un día en el Salón del cómic de Barcelona

Como sabía que durante el día iba a estar rodeado de gentuza varia y escoria
de mal vivir, decidí -para ir aclimatándome al ambiente que me esperaba-,
acercarme al Salón en metro, y que el contacto con la chusma vociferante no
me pillase por sorpresa como un directo de Dolph Lundgren.

La cosa se empezó a enrarecer temprano, cuando sentado en el metro escuché
la música hipnotizante que provenía de los cascos de un hindú sentado a mi
izquierda. Era el tipo de ritmo pegadizo y repetitivo que te acaba volviendo
loco, que te reduce a un estado animal, que vacía tu mente como un frasco de
cristal dispuesto a ser llenado con lo que un desaprensivo quiera meter…
ahora que lo pienso… en fin, el caso es que durante las próximas 2 horas no
pude quitarme la maldita música de mi cerebro y me descubría tarareándola
sin cesar una vez tras otra ¡menudo suplicio!

En mi afán de hacerme pasar por un individuo normal, de codearme con el
populacho, me dispuse a soportar estoicamente la cola de unos cientos de
metros para comprar la entrada y no ir directamente a la puerta y utilizar
mis poderes Jedi con el débil portero que seguro habría allí. He de admitir
que la cola avanzaba rápido, puesto que había una buena organización a la
hora de vender entradas y te despachaban en un abrir y cerrar de ojos.

En la cola tuve mi primer contacto con los disfraces: góticos, otakus, i
frikis de diversa calaña entre los que se encontraban los clásicos
inadaptados, obesos, feos, miopes, gordas mochas y nuestros amigos de el
pelo grasiento que… ¡eh! que están en su perfecto derecho, como frikis de
baja estofa que son, a mostrar claramente su afiliación a tan honroso
gremio… pero como todos nosotros sabemos, hay clases y clases ¿verdad?

Allí empecé a ver también las primeras medias de rejilla, corsés de cuero,
minifaldas y botas que hicieron aflorar una leve sonrisa en mi rostro… hasta
que vi a una niña de quince años, aún sin desarrollar, vestida de esa guisa
y un pensamiento me traicionó vilmente: ¿Su madre sabe que va así vestida
por la calle? ¡joder, me estoy haciendo mayor!

Un padre y una hija estaban delante de mí en un idílico cuadro familiar, y
el padre le comentaba a su vástaga que él no iba a pagar por entrar, que al
fin y al cabo, a él no le gustaban los comics, sólo iba de acompañante.
Bendita inocencia de los padres…

Por fin entré en el recinto del Salón y nada más cruzar el umbral un par de
hermosas azafatas en minifalda que repartían folletos de Norma se lanzaron
como halcones sobre mí. Pensé: “mierda, han detectado que soy un friki
superior”, pero mi disfraz de chusmilla era perfecto, una de ellas me lanzó
un folleto con desgana y pasaron de largo rápidamente. Estos de Norma saben
lo que nos gusta a los frikis, pero la próxima vez traed un mayor número de
azafatas, nunca sobran.

Unos pasos más allá y bajo un enorme logotipo de Planeta Agostini, descubrí
lo que era un paupérrimo grupo de individuos disfrazados: un Superman de
saldo, un Batman irrisorio, un Flash tirillas, un Green Lantern en
esquijama, un Príncipe Valiente enano y una Catwoman, que tras una agradable
primera impresión y un poco más de cerca, descubrías que estaba ligeramente
entradita en carnes… Lara, coño, a ver si el año que viene nos gastamos
un poco más de pasta en actores y no en tantas ediciones absolutes ¿eh?

Después de un primer paseo de reconocimiento, descubrí que había una charla
sobre “El cómic en la transición”, pensé que estaría lleno de gafapastas y
que sería una buena oportunidad para ficharlos y tenerlos controlados para
cuando tuviésemos que ejecutarlos el día de la Limpieza Global. Así que
entré, me tragué la charla enterita y lo cierto es que, para mi sorpresa,
fue bastante interesante. No llegué a fichar ni a 15 gafapastas en la sala,
pero igualmente pasan al archivo de individuos peligrosos.

Pasando por enfrente del estand de Norma, descubrí a Luis Royo firmando
ejemplares, sin poderme reprimir me acerqué y le comenté que tenía un piso
de 55 m2 y que el techo del comedor tenía humedades, que si podía venir a
pintármelo. Él, muy amable, me dijo que me costaría 600.000€, yo le contesté
que por menos de un millón y medio de euros no le encargaba el trabajo, él
me respondió que su tarifa era de 600.000€ y que no la podía cambiar para
mí, así que le espeté que por ese dinero me pintara la parte interior del
retrete, él se sintió ofendido y me llamó gafapasta, yo por supuesto le
agredí violentamente y porque estaban allí Superman y GreenLantern para
separarnos que si no nos matamos allí mismo… cuando me sacaban a empujones
del estand de Norma, con la sangre de Royo chorreando en mis nudillos, le
grité que a ver si aprendía a dibujar mujeres de una puta vez y él se lanzó
contra mí de nuevo. Se libró de milagro.

Después de hacer un poco de ejercicio me entraron ganas de gastarme pasta,
así que me acerqué a la zona de Planeta donde un disminuido psíquico, al que
la gente llamaba segurata, me detuvo porque había mucha gente dentro. Como
ya había tenido mi dosis diaria de violencia gratuita esperé pacientemente
no sin antes mentarle a todos sus muertos. Una vez dentro cogí un Absolute
Watchmen de 35 napos para comprarlo, pero descubrí que ya había sido
manoseado por mil sudorosas manos frikis, después me quedé atónito al
comprobar que todos los demás tomos estaban igual e incapaz de abandonar
aquel lugar con las manos vacías agarré un The League of Extraordinary
Gentlemen Vol.2 y salí como alma que lleva el diablo, azorado por la idea de
dar la espalda a Watchmen.

Al alejarme precipitadamente del estand de Norma me había olvidado
preguntarle a Luis Royo que si estaba seguro de que su hijo era suyo, así
que me acerqué de nuevo por allí a ver si lo veía, pero no estaba, en su
lugar ¡los geniales Díaz Canales y Guarnido estaban a punto de irse!
Rápidamente agarré un Artic-Nation, lo pagué y me acerqué gritándoles que se
acercaran que se iba a desplomar el estand detrás suyo, la verdad es que
supliqué como un niño de 5 años, dando saltitos y soltando gruñidos, pero
funcionó igualmente y me echaron dos firmas apresuradas. Algo es algo.

La diosa Asgardiana que me acompañaba se empeñó en que hiciésemos un dibujo
en el espacio de la escuela de comic Joso, discrepé enérgicamente
argumentando mi madurez intelectual y mi saber estar, diez segundos después
estábamos dentro, compartimos mesa con dos niños de 11 años, y vomitamos dos
dibujos como la copa de un pino. A ella le comenté prudentemente no poner su
edad, pero casualmente fue lo primero que hizo. Al final, cuando contempló
su obra, comentó que debería borrar el último dígito de su edad, pero no lo
hizo, gracias a lo cual se echarán unas risas los de Joso a nuestra costa.
Como regalo nos dieron una bolsa de staedtler llena de publicidad de la
escuela Joso, ¡menudo derroche para celebrar su 25 aniversario!

Un enorme BlackSad de cartón piedra, sentado y con un ojo a la virulé nos
esperaba en la puerta de la exposición dedicada a la colección del mismo
nombre. Originales en acuarela y tinta y algún bocetillo de colores. Algo
IM-PRESIONANTE.

Por el megáfono anunciaron que en el estand de Joso habría una clase
Magistral de Cálico Electrónico. Venciendo la vergüenza por los dibujos que
habíamos hecho, nos encaminamos hacia allí y nos colamos discretamente en el
recinto. Niko y compañía llegaron tarde y nos dieron un recital de lo bien
que se lo pasan trabajando haciendo comics, y lo peor es que cobrarán más
que nosotros los cabrones. Cabe destacar el hecho de que, cuando se pedían
preguntas y no salía nadie, un apuesto, inteligente y musculado joven les
hizo la pregunta más inteligente del día: ¿cuánto cuesta un café? ¡Menudo
genio!

Una gótica sin escrúpulos y amante del manga para más señas, amiga de mi
asgardiana, nos empujó a participar en las actividades que se habían
organizado en el salón bajo el pretexto de que al final sortearían un lote
de comics… ¡pero eran para niños! qué vergüenza, si no había sido suficiente
humillación lo del dibujito en Joso, ahora tenía que hacerlo delante de
desconocidos que revisaban lo que hacías mientras te miraban de reojo con
una sonrisa irónica. Como bien apuntó la criatura de la noche, lo peor no es
participar en actividades con niños, lo peor es perder, ¡y perdimos!

Durante un tiempo deambulamos sin rumbo… una partidita en la consola Wii al
soso juego de Dragon Ball. Estudiamos la enorme cola que había para que te
firmara Ibáñez, que digan lo que digan, sigue siendo el rey. Jose Luis
Martín, conversando sobre pesca al mismo tiempo que le hacía un bonito
dibujo de nuestro señor Jesucristo a nuestra querida gótica. Vimos a Oscar
Nebreda firmando y haciendo de las suyas. Y mogollón de gente disfrazada, la
mayor parte de Naruto, pero había alguno de Dragon Ball, un Hantaro, un
Pikachu, unos espartanos no tan musculados, un kenshin, algunos de Prince of
Tennis, otros de Battle Royale, un niño disfrazado de cíclope, un Vega del
Street Fighter… y algunos de los que no tenía ni puta idea de qué iban.

Ya finalizando el día, descubrí que la pérfida gótica había conseguido cosas
gratis y yo no, lo que me pareció algo intolerable, aunque fuesen ejemplares
de la revista Dibus. Después de averiguar de dónde los había sacado, ni
corto ni perezoso me colé en el espacio en el que dibujaban los niños (ya no
me quedaba ni una pizca de vergüenza) donde había montones de Dibus, y con
la excusa de que eran para mi sobrina (sí, ya, para la sobrina…) cogí unos
cuantos. Me giré ¡y allí estaban las dos individuas detrás mío, husmeando
material gratuito como los buitres la carroña!

Por megafonía avisaron que el salón se cerraría en breves instantes, lo cual
fue celebrado con rotunda alegría por una dependienta de Panini. A mí la
noticia no me gustó tanto, sólo me había comprado dos comics y todavía tenía
dinero en la cartera. Me entró el pánico. Me dirigí hacia el estand de
Norma, a ver si podía desfogarme otro poco con Luis Royo, pero cuando lo
estaba buscando absorto por la violencia inminente, algo llamó poderosamente
mi atención, un tomo de “Hellboy Lugares Extraños”, aaaahhh, aquello
bastaría para calmar mi conciencia atormentada por el momento.

Mi acompañante, influida por la malignidad encarnada en gótica, se compró un
Full Metal Alchemist… ¡años me ha costado que se leyese un comic Marvel
(Hulka) y cinco minutos hablando con su amiguita oscura y va y se compra
ella sola un tomo de manga! Maldita complicidad femenina.

Como punto y final al Salón le compré el comic de Esther a mi hermana. Y
aprovecho para confesar públicamente uno de mis vergonzosos secretos de
juventud… cuando era pequeño leía los Esther de mis hermanas, pero lo hacía
a escondidas para que no me viesen leer “cosas de niñas” ¡y lo peor es que
me molaban! Ya esta, ya lo he dicho, ¡que empiece la crucifixión frikil!

Saludos frikis,

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