Cosas de Frikis
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Marvel entre bambalinas: Los sicarios, esos grandes desconocidos.

Alguna vez alguien se ha preguntado: ¿qué sería de los superhéroes si no
existiesen sus enemigos los supervillanos? Un puto gafapasta, seguro,
hablando de dualidad, némesis y mierdas de esas. Pero nosotros vamos más
allá, ¿qué sería de los supervillanos si no fuese por el grupo de sicarios
que están dispuestos a apoyarlos incondicionalmente? Sin preguntas, sin
miedo, sin cerebro… ¿Alguien se preocupa por ellos? ¡Pues yo sí!

Valga este relato como testimonio, un monumento al recuerdo del sicario
desconocido.

Lugar: La tranquilidad del lado oscuro. Institución psiquiátrica para
sicarios. Tercera planta. Sala C.

– Hola, me llamo John Smith y soy un sicario del Club Fuego Infernal.

– ¡Hola John! – contestaron todos.

– Mi historia es sencilla. Me licencié en la Universidad de Sicarios de
Tulsa, Oklahoma. Fui un buen estudiante, se me daban bien las asignaturas de
Armas Automáticas, Atentado Terrorista y Obediencia Ciega. Durante las
prácticas que hice en la universidad los ojeadores del CFI se fijaron en mí
y me dijeron que si seguía así con mis estudios podría llegar lejos.

Cuando por fin terminé mi formación académica recibí una oferta para
trabajar como becario en el Club Fuego Infernal, ofrecían un buen sueldo y
tenían un gran seguro médico, que como sabéis, es algo esencial en este
trabajo. Además me fascinaba su uniforme ajustado de licra negra con esas
rayas rojas cruzándolo. Y qué decir de esa máscara, tan impersonal y
aterradora a la vez. Acepté sin dudar.

Al principio me destinaron a una base secundaria del CFI en Washington, me
encargaba de tareas sencillas: vigilar los monitores de seguridad, rellenar
los cuencos de pistachos, cabrear a los doberman en sus jaulas por si había
que soltarlos contra alguien y cosas así.

Supongo que lo hice bien, porque al cabo de un tiempo me trasladaron a una
base secreta en Tejas donde protegía unas instalaciones experimentales sobre
robótica, creo recordar que el proyecto se llamaba Guardianes o algo
parecido. Allí hice un buen papel porque descubrí a un par de espías del
gobierno intentando colarse en el recinto y pude capturar vivo a uno de
ellos para que los jefes lo interrogaran. Luego me encargué de deshacerme de
los cadáveres discretamente. Lo hice tan bien que me nombraron sicario del
mes.

A raíz de aquello me ascendieron y me destinaron a la base principal en
Nueva York, a cuidar de los grandes jefes. Recuerdo que pensé que aquella
era mi gran oportunidad para llegar a lo más alto… todavía no sabía lo que
me esperaba.

Aquella noche me tocaba guardia, debía vigilar una fiesta que había
organizado Don Sebastián para captar nuevos socios para el Club. Tenía que
estar atento a los monitores para grabar a los invitados mientras nuestras
camareras les hacían felaciones, les ofrecían drogas, etc… incluso recuerdo
que metieron una oveja en una habitación para cierto senador de Wyoming… en
fin, una operación “por si las moscas” clásica, ya sabéis como son estas
cosas. Esa noche fue la primera vez que me topé con un… con un… un…

– ¿Superhéroe, John? – terminó el doctor.

– Sí, sí, eso… – le tembló la voz.

– Por favor, continúa.

– Ajá – asintió frotándose las manos con nerviosismo -. Sonaron las alarmas,
era la Patrulla X, todo fue muy rápido, casi sin darme cuenta los jefes
habían ganado la pelea. Pero ahí no acabó todo… mientras estaba de patrulla
rutinaria apareció aquella bestia con garras en lugar de manos, salió de la
nada, se movía como un torbellino, y… y… ¡oh, Dios mío! – gritó rompiendo en
sollozos.

– Tranquilo John, – dijo el doctor – es un buen comienzo, no te preocupes,
somos conscientes de que fue un golpe muy duro, ya avanzaremos con la
terapia más adelante… hoy también tenemos a un nuevo paciente nuevo con
nosotros, por favor, preséntate a todos y cuéntanos tu historia.

– Hola, me llamo Larry Phillips, y soy un sicario de la organización
H.Y.D.R.A.

– ¡Hola Larry! – contestaron todos.

– Mi relación con este trabajo empezó de bien pequeñito. Mi padre era un
sicario de Cabeza de Martillo y quería que yo siguiese sus pasos en el
gremio del hampa neoyorquina, pero a mí nunca me gustó ese trabajo. Mi padre
no lo entendió, me decía que los trajes baratos de mafioso le sentaban bien
a todo el mundo, que era una buena vida.

Yo intenté explicarle que eso de hundir cadáveres en el río Hudson con
zapatos de cemento no era para mí, yo quería pertenecer a alguna
organización con objetivos más amplios que dominar los bajos fondos de Nueva
York, algo como conquistar el mundo, por ejemplo. Mi padre se reía y decía
que eso sólo pasaba en las películas de James Bond, yo me enfadaba y le
contestaba que todos los verdaderos mafiosos se habían ido a las Vegas hacía
tiempo. Aquello irritaba mucho a mi padre y después de muchas peleas
acabamos distanciándonos.

Entonces recurrí a mi tío, que ante mi insistencia, pidió unos cuantos
favores y me buscó un contacto en H.Y.D.R.A. donde finalmente entré como
sicario-aprendiz. Un día, mientras entrenaba en un hangar secreto colocando
bombas en un avión, sonaron las alarmas. Yo era nuevo y no sabía lo que
pasaba, todo el mundo se puso a correr de un lado para otro gritando como
locos cuando de repente aparecieron ellos, los Ve… los Ve… los Ve-ve-ve… los
Vengadores.

La Visión apareció delante de mí saliendo del suelo, me metió la mano en el
pecho y de repente un dolor insoportable sacudió mi espina dorsal -desde
entonces debo drenar mis pulmones día sí, día no, pues se me llenan de
líquido periódicamente-.
Totalmente cegado por el dolor me quedé inmóvil un tiempo, acabó cuando
sentí los repulsores de Iron Man abrasando mi espalda -debido a eso mi
columna vertebral esta desplazada y no puedo dormir más de tres horas
seguidas debido al dolor-.
Dando trompicones llegué al lugar donde un grupo de compañeros estaban
reagrupándose valerosamente, pero el Capitán América lanzó su escudo y
rebotando en varios compañeros míos, acabó golpeándome en la rodilla
partiéndomela por tres sitios -nunca volveré a caminar derecho y cuando hay
humedad el dolor es un martirio-.
Pero lo peor fue que desorientado, maltrecho y cojeando entré sin saberlo en
el radio de acción de Mjolnir y… y… oh, santa madona… no puedo continuar… no
puedo continuar…

– Muy bien, Larry, muy bien, has hecho un gran progreso al contárnoslo,
siéntate y descansa… Y después de estas dos tremendas historias, para
terminar la sesión de hoy, tenemos una sorpresa para todos vosotros. Ya sé
que se sale la rutina y a algunos eso os pone algo nerviosos, baja el arma
Ray, pero hemos pensado que sería una buena experiencia para vosotros
conocer a alguien con superpoderes en vuestro mismo estado. Contestará a
vuestras preguntas encantado, recién salido de una grave crisis existencial,
tenemos hoy con nosotros a ¡Demonio Veloz! Démosle un fuerte aplauso.

– Hola chicos, ¿cómo estáis? He venido a daros un mensaje de esperanza: la
fe en uno mismo es importante. Yo mismo he estado muy mal de moral
últimamente pero gracias a la ayuda del equipo de profesionales que tiene
este centro he conseguido recuperarme totalmente. Y ahora decidme, ¿tenéis
alguna pregunta?

– Hola DV explícanos… ¿porqué un tipo que tiene el mismo poder que Mercurio,
el hijo de Magneto, que ha vivido como uno más entre los Inhumanos y ha
ejercido magníficamente como Vengador, ni siquiera puede robar una joyería
sin que lo trinquen?

– … … … ¡¡¡¡¡buuaaaaaaaa, buuuuaaaaaaaa, buuuuaaaaaaaa!!!!!

– Bien, creo que ya se ha terminado la charla. Podéis salir. Gracias a
todos.

Bueno, habeis disfrutado de otro post del amigo Julian Pmart (aka Juls) que poco a poco se esta ganando un carnet de miembro de CdF

Saludos Frikis.

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