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Spielberg… ¡NO! ¡Spielbergo!

Seguimos con la semana temática dedicada a Steven Spielberg en donde conoceréis secretos, datos interesantes, comprenderéis la mente genial de este judío, y veréis como los comentarios se petan por culpa de las chorradas de enamorados que se dicen Kenny y Excremento 635241%.

Hoy no vamos a hablar de Spielberg… Bueno, sí… Bueno, no… O casi. El mundo en general se ha dedicado durante mucho tiempo a mullirle la almohada a Spielberg con diferentes homenajes y hacia su persona. Y es que es un tipo que cae simpático… como Adbar, pero sin amenazas de muerte.

Tanto el cine como la televisión se vieron a partir de los 90 invadidos por una Spielbergmania que les obligaba como zombies a lamerle el ojete y rendirle culto. Así durante gran parte de la década pasada, hemos visto numerosas muestras de ese peloteo en películas/series en donde se copiaban planos de películas realizadas/producidas por Spielberg o en donde aparecían posters/películas de él. El cine dentro del cine que le llaman a eso.

La televisión USAmericana ha tenido menos suerte en esto. Durante mucho tiempo las diferentes producciones televisivas intentaron mostrar su particular pleitesía al genio de diferentes medios. Como no lo conseguían, simplemente le daban vía libre para que él produjese lo que le saliese del nabo en sus respectivas cadenas. Pero hubo un genio, también barbudo, que supo por si mismo rendirle homenaje a su manera. ¿Cómo? Con un personaje que, por un lado, ejercía ese peloteo de forma descarada, y por otro, dándole una personalidad propia ha dicho personaje que lo convirtió en todo un mito.

Ese otro barbas no es otro que Matt Groening. En la segundo mejor serie de la historia, Los Simpsons – la primera es Futurama. Dogma de fe -, creó un personaje tan grande como el nabo del Yeti. Un personaje tan magnífico y que dejo tal huella en los aficionados con su aparición en menos de 2 minutos, que es referente dentro del mundo Amarillo. Y, de camino que creaba un ente con inteligencia propia, rendía homenaje al rey Midas. Mato dos pájaros de un tiro. Sí, amigos, hablamos del único, del incomparable… Equivalente mejicano no sindicado de Spielberg, el SEÑOR SPIELBERGO.

Año 1998. Temporada sexta, episodio 18 de la Familia amarilla de Springfield. La ciudad es un petardo. Es espectáculos y cultura va como el culo. Parece que el concejal fuese Sev. Marge Simpson, después de una serie de propuestas por parte del pueblo, consigue convencer a todos de hacer el I Springfield Films Festival.

Necesitan un jurado, y llaman al nada apuesto, pero inteligente, Jay Sherman, crítico de cine acido y controvertido. La ciudad se engalana para su acto cultural más importante desde El Día del Apaleamiento. Burns, que ve como su popularidad desciende, necesita que se muestre como es verdaderamente su grandiosa persona, y su ascenso de persona rica, a cruel y atractivo magnate… Igualito que nosotros.

Eso sólo es posible con una costosísima producción Hollywoodiense. Una de esas que beben de los grandes clásicos americanos, de los años dorados. Para realizar tal epopeya decide contratar a Spielberg, pero, no está disponible – en 1998 estaba produciendo/dirigiendo Salvar al soldado Ryan -, por lo que recurre a un genio aún mayor. Un artista sin parangón, y con una mente creativa tan fértil que llevaría a los mismísimas series españolas a lo más alto del ranking internacional. Decide contratar al Seño Spielbergo.

Para él, nada es imposible, y esa orden de Burns de: Quiero que haga por mí lo mismo que Spielberg hizo por Oscar Schindler. No es ningún problema.

Ahora os vamos a demostrar cómo, Spielberg es una nenaza comparada con el genio de su equivalente mejicano, ya que este último, con sólo una obra, ha conseguido la absoluta gloria en el Olimpo del cine.

Lo primero que este genio hace es un complicado casting. En él se reúnen algunos de los mejores actores de todos los tiempos. Hagamos un repaso de ellos.

Anthony Hopkins.

Sir Anthony no puede evitar la llamada de interpretar a un personaje complejo, hecho a su medida, como es el de Burns. Se presento al casting engalanado con uno de sus papeles más celebrados, el de Hannibal. No se ajusta a las expectativas. Siguiente.



William Shatner.

El capitán Kirk de Star Trek. Otro grande que se presenta a este casting. Pero si no han elegido a Anthony Hopkins, que tiene un Oscar, y encima es Sir, van a elegir a Shatner. Vale, sí, es un putero y un borrachuzo de cuidado, y si fuera por nosotros sería una opción segura, pero aquí el que manda es Spielbergo. Nada, palmada en la espalda, y a su casa.



Homer Simpson.

Vale. Es un genio. Alguien de registros tan amplios que se mea en la gente que usa el método. Comparable su genialidad sólo a la de otro grande como Marlon Brando, Homer no consigue pasar el casting por poco. Y es que su intento de plasmar profundidad y tridimensionalidad psicológica al personaje aportando su propia semilla no consigue convencer. Recordemos: Excelencia.



El Hombre Abeja.

Un actor cómico que intenta buscar las mieles del reconocimiento que sólo una gran producción épica como esta puede otorgarle. Porque todos sabemos que si eres cómico, hasta que no haces un papel dramático, nadie te toma en serio. Sino mirad a Jim Carrey, Tom Hanks o Chiquito de la Calzada con Papa Piquillo. La elección 110% perfecta de Spielbergo. No así para el patrón, y como la pela es la pela…

Al final el Sr. Burns queda como actor principal interpretándose a si mismo dentro de registros jamás visto en la gran pantalla. El Hombre abeja, queda como secundario de lujo, y Smithers, el secretario Homo… Bueno, el secretario, es interpretado por un tal Tommy Tune – un actor, bailarín, cantante, coreógrafo, productor y director… parece sacado de UPA. –

El resultado de la combinación entre el dinero de Burns, la genialidad de Spielbergo, unos actores solventes, y unos 30 guionistas, es la producción más épica y legendaria hecha en la historia del cine.

La película, una gran superproducción de las que ya no se hacen, se divide en 3 actos, ubicados en diferentes lugares y tiempos, pero todos ellos con un común denominador, mostrar al Burns como una persona cercana al obrero, con corazón, liberador, y benefactor de los más desfavorecidos. Pero vemos que películas homenajea, superando incluso a las producciones originales. Pa quedarse con el culo torcio, lo que yo os diga.

¡Viva Zapata!

En la primera parte de las 3 que componen tan magna obra, Spielbergo fusila la obra de 1952 de Elia Kazan. De grande del cine a grande del cine. Sustituyamos a Marlon Brando por Burns, a Anthony Quinn por Tommy Tune, y metamos en mitad al Hombre abeja, y tendremos un coctel explosivo de virtuosismo fílmico, guión perfectamente hilvanado e interpretaciones tan sobresalientes que tendrían que inventar unos nuevos premios para ellos.



E.T. El Extraterrestre.

¿Cómo mejorar un clásico del cine contemporáneo? Pues mediante un director que puede innovar técnicamente y unos efectos de CGI.

Los expertos en cine que CdF posee – el experto guionista y testador de cocodrilos Bjorn Steveson, El crítico y cantante country Tokki Johansson, y la ama de casa y parapsicóloga Astrid Stelhenson – han comparado la película de Spielberg y este segundo episodio de Spielbergo y han llegado a una conclusión: la película de Spielberg es anterior a este episodio, cierto, pero la idea fue transmitida por el espacio-tiempo a Spielberg mediante, lo que nosotros siempre hemos llamado, RETROINFLUENCIA ACTIVA.

Por lo tanto, aunque la película de Spielberg es anterior, la idea proviene del genio inconsciente de Spielbergo. Así que reclamemos la autoría de este genio.

Ben – Hur.

Judah Ben – Hur. La historia escrita por Lewis Wallace y llevada al cine en 3 ocasiones, vuelve a ser llevada por Spielbergo como el capítulo final que muestre la gloria divina del protagonista. Charlton Heston, todavía en estado de gracia vuelve a interpretar a ese príncipe llamado Ben – Hur que le dio un Oscar, para mostrar su recorrido hasta encontrarse con el autentico Rey de Reyes, Burns – que sustituye a Jesús en la escena -. Un sublime final que hace que el público estalle en aplausos, llore, o muera de un infarto debido al Síndrome de Stendhal.

Con esto queda demostrado como Spielberg no vale un pimiento al lado de Spielbergo, y de cómo CdF sabe apreciar lo realmente bueno.

¡Hasta la semana que viene… o no, Frikis!

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