Cosas de Frikis
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Ciclo Monstruitos: Munchies.

Podéis dejar de sufrir porque ya ha llegado el jueves. Vuestro día favorito junto al domingo que es cuando vais a la tienda de pollos de la esquina y le pedís al dependiente que os eche toda la grasa acumulada de la semana en vuestra ración de patatas fritas.

Esta semana estoy dispuesto a descubriros otra maravilla cinéfila dentro de los subproductos más terroríficos del género de los monstruitos tocapelotas que salieron de la Gremlinxploitation ochentera. Si la semana pasada ese magno opus cinematográfico llamado Beasties causo auténtico fervor entre los lectores – aviso desde aquí, es MUY difícil de encontrar, incluso por métodos poco legales – el que esta semana traigo no le va a la zaga.

Cada vez quedan menos productos de esa exploitation de bichos diminutos y, por lo general, peludos – y no hablo de Sev -, por lo que cada vez se pone más y más interesante el asunto. ¿Con qué magnífica película nos deleitara la próxima semana? ¿Habrá que tirar 2d6 de cordura ante la primigenia visión del monstruo? ¿Funebris podrá zumbarse a mi hermana para que así tenga algo que me emparente con su excelencia? Todas estas preguntas y más serán resultas en las próximas entregas.

Pero ahora vamos con la película en cuestión que vamos a tratar en nuestro CICLO MONSTRUITOS. Son pequeños, peludos, con una Bad Ass Attitude de las que ya no quedan y unos efectos especiales que rozan la pena capital. Son… LOS MUNCHIES.

Un arqueólogo espacial llamado Simon Watteram descubre en Cuzco una extraña cueva que encierra una especie de criatura que corresponde con la descripción mitológica de un Munchie.
Simon se lleva la criatura en la maleta de mano a USAmerica, donde su hijo Paul y la novia de este, Cindy, le ponen un nombre para que se adapte a su nueva condición de mascota familiar. Arnold.

Cecil Watterman, el hermano gemelo malvado – o siniestro – de Simon captura a Arnold mientras Paul y Cindy están en el jardín de detrás celebrando que tienen nueva mascota de la única forma que saben… Enrollándose y haciéndose un lavado de estomago a base de buenos lengüetazos.

Cecil se lleva al bichejo en cuestión a casa donde entre manoseo y manoseo acaba por tocarle los cojones al bueno de Arnold que, en un ataque de ira homicida, le pega una hostieja al hijo adoptivo de Cecil. Como nadie, salvo él y el cura del pueblo, toca a su hijo sin su consentimiento, Cecil decide cortar por lo sano… pegándole un tajo al bicho por la mitad. Pero este, en vez de morir, se convierte en 4 seres independientes que comenzaran una implacable cruzada por destruir a la humanidad, joder a los vecinos y el modo de vida munchie.

El despelote está servido.

Como podéis comprobar 1987 fue un año de excelente cosecha dentro de este género. Dirigida por Bettina Tina Hirsch y producida por el grandísimo Roger Corman en uno de sus ataques de locura y extraños cambios de humor propios de Mr. Burns es, posiblemente, la copia más descarada de todas las hechas dentro de las exploitation de monstruitos salidos del culo de Gremlins pero, a pesar de tener ese halo oscilante entre el homenaje y el taquión, sigue teniendo sus puntos buenos y cierta, llamémosle, originalidad.

Dentro del desquiciantemente genial argumento nos encontramos con cosas que nunca fallan a la hora de vender y que, encima, hacen de esta película una adelantada a su tiempo. Encontramos un tipo llamado Simon que es arqueólogo espacial. Esto no significa que mientras busca restos de civilizaciones perdidas mire las estrellas y tenga una consulta de videncia, so morronutrias, sino que se dedica a la Arqueologia del paisaje y en Perú. Arqueología y Perú… Para mí que algún guionista de la 4 de Indi ha visto esta película.

Pero es que, además, tiene ¡UN HERMANO GEMELO!. ¡Amigos! Un hermano gemelo en una película supone el doble de diversión por el mismo precio y si, encima, te interpreta el mismo actor los dos papeles es mejor que mejor. Madre mía, que puta genialidad. Una idea de medalla de oro, sin dudarlo. Pero sobre todo el hermano gemelo destaca por dos cosas: Su pelazo y su bigote que sumado a su vestimenta lo hacen prácticamente sacado del set de descartes de Miami Vice.

De las escenas de la película más impactantes destacaría el grandioso suspense con homenaje a E.T. incluido que se hace en la tienda de helados que se encuentra en mitad del desierto – WTF?! -, la escena propia de tiburón de la zagala nadando en el lago mientras es perseguida por un Munchie y en donde se ve tetaca y, para mí, lo mejor del filme que son las escenas donde sale el típico heavy americano de barrio bajo ochentero y que se convierte en un recurso humorístico cachondo sin igual.

Los bichos son una mezcla de Gremlins y de Howard, el pato – el de la película -. Al parecer Arnold es extraterrestre o proviene de otra dimensión llegando a la tierra pues como todos estos bichos, de casualidad. A pesar de tener esa actitud traviesilla de los gremlins, ser capaces de manejar armas, conducir, nadar y volar hasta en parapente, poseen el desparpajo y la capacidad pasota de nuestro emplumado colega. Fuman porros, beben cerveza en cantidades industriales, solo comen pizza, hamburguesas, comidas precocinadas, golosinas y cualquier mierda que se les ponga delante y, lo mejor, gustan de las bellas femeninas y ven porno. Son algo así como Excarmiento 23541 pero con pelo en la cabeza.

Con respecto al argumento de la película pues, ¿os he dicho ya que es una copia barata de los Gremlins? Pues eso, a partir de su descubrimiento y del incidente que da lugar a su multiplicación como ladillas la película se vuelve prácticamente una copia en su desarrollo de los bichos de Dante salvo porque aquí, como buena película de serie Z, salen mamellas, culos y bocatas de bacalao de vez en cuando. Por lo demás, lo mismo, perseguir a los bichos para vitar que sigan jodiendo al pueblo mientras buscan una forma para lograr detenerlos ya que si no son troceados se regeneran y, si lo son, se multiplica su número.

Al final, no es creáis, consiguen averiguar qué tontería es la adecuada para mandar a estos jodidos bichos del infierno a su puta casa. La electrocución. Uno de esos sistemas que nunca falla en USAmerica. Cuando son electrocutados se convierten en figuras de cerámica o de barro como las que venden en los chinos y que con una patada mandas a tomar por saco. Catacroker a todos los bichos y se acabo la película. Bueno, a todos no, porque a Arnold como es el Munchie original le perdonan el culo.

Munchies. Otra maravilla más que os acabo de trae y que – esta sí – podréis encontrar más fácilmente si de verdad sois capaces de verla sin estar bebidos, fumados o con una escopeta en la sien.

¡Hasta la semana que viene, frikis!

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