Cosas de Frikis
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Ciclo Monstruitos: Kamillions.

¿Quién me ha llamado? He oído a alguien decir ¡Dios mío!. No me llaméis para chorradas porque un día se me calentaran los cojones y acabaréis arrodillados pidiéndome clemencia con la boca llena de “Amour du Kimotê”.

Pero bueno, ya que estoy aquí os voy a dar una ración más del mítico ciclo que me está salvando el culo desde hace unas cuantas semanas y que demuestra que no sólo los grandes maestros del Taquionismo pueden vivir del cuento.

Ya habéis comprobado como el homenaje continuo, exploitation ochentero y el copia descarada que se hizo en su momento del filme de Joe Dante, Gremlins, dio sus frutos más o menos decentes aunque, en líneas generales, todos rozan la perdida de capacidad cognitiva y la posibilidad comprobada de que se te derrita el cerebro dependiendo de tal o cual subproducto.

De Munchies a Beasties pasando por Troll, hemos comprobado que la calidad no es proporcional a los medios. Todas son una mierda jodidamente divertida independientemente de que cuesten 10 petrodólares o 100000 millones. Y esto mismo se vuelve a confirmar en esta nueva entrega de CICLO MONSTRUITOS. Directamente desde los mamarrachos 80, enfundado en traje con hombreras y como invitado estelar… Kamillions.

Robin, un zagal poco avispado, se dedica a ayudar torpemente a Nathaniel Pickman Wingate un científico loco como mandan los cánones. Este científico es parte del grupo de investigadores privados afiliados a la todopoderosa Miskatonic University – Arkham, Massachusetts. Lugar famoso por tener el festival de la mamella sacrificada – y esta todo el día con la tontería de abrir un portal a otra dimensión – la da igual cual -.
Mientras su sufrida esposa, Nancy, y su familia le están preparando un fiesta sorpresa para celebrar sus 50 añazos. Justamente, las casualidades de la vida, hacen que abra el portal manteniendo contacto con las criaturas del otro lado y liberando unas cuentas con aspecto de cangrejo herradura y con unas enormes patas cuyas rodillas se doblan hasta el punto de parecer muñones o algo así. Estas criaturicas sólo quieren integrarse en la sociedad y para ello tienen la capacidad de tomar la apariencia de cualquier ser/objeto. Así toman la apariencia del primo de Nancy, Desmond – conde de Liechtenstein – y de Jasmine, una modelo que aparece en uno de los poster del pajillero del hijo del doctor, Sam.
Liberando a la criatura más abominable. El Cine Español.
Esta última criatura es amistosa y mediante su altísima inteligencia y sus poderes telepáticos consigue lavarle la cabeza al pajillero de Sam, convirtiéndose en su momentánea novia – cosa a la que, un pajillero adolescente, tampoco hace asco -. Mientras, el otro bicho, que es un resentido social, decide putear al resto de la humanidad – bueno, sólo familiares y vecinos – con sus poderes miméticos/telepáticos… Y se armó la gorda.
Los últimos años de la década de los 80 no pudieron evitar rendirle el homenaje a Gremlins y compañía como anteriormente lo habían hecho otros tantos subproductos. El intento desesperado por llevarse las sobras de una tarta ya caduca, dirán los incultos cinefagos, aunque a mí me gusta más pensar que es el culebreo definitivo dentro de los héroes del subproducto más mojasábanas.
Mike B. Anderson dirigió en 1989 está película. A la mayoría este nombre les sonara menos que a los niños de la LOGSE los cuadernillo Rubio, pero para los fans de los Simpsons es otro cantar ya que, este personaje, lleva tras de sí una buena cantidad de episodios clásicos de la familia amarilla antes de que se fuera por el retrete con la sustitución del guionista jefe y con la aparición de la excepcional Futurama. Pues Anderson, que en el 89 todavía era un churumbel recién salido del huevo universitario, se atrevió a dirigir este espectáculo que combinaba sin ningún pudor – en eso consiste la cosa – el homenaje/taquión a Gremlins, Reanimator, cierto toque Terrorvisión y la acción más chusquera.
Por un lado encontramos unos bichos que originales son, no lo vamos a negar, pero la utilidad de diferentes elementos anatómicos – como las patas con rodillas – son tan estúpidos como las tetas en un hombre – excepto las de Experimento, que son esponjosas y tiene dos pezones como dos rodajas de mortadela -. Las habilidades que en el metraje se propone, son curiosas. El mimetismo y el control mental siempre han sueños perseguidos por la Cia y la KGB para infiltrarse en el bando enemigo… además de por los salidetes de turno para mirar en el vestuario de las chicas. Aún así, el mimetismo lo hemos visto antes, en Hobgoblins – que era espejismo, pero la misma mierda es si sirve con las mismas intenciones -, pero si leve explotación sigue dándole puntos.
El diseño de las criaturas no está mal. Sabedores de su reducido presupuesto, optaron por dejarse de imaginar criaturas erótico festivas como muchas otras producciones y tiraron por lo conocido. Cangrejos raros con patas de latex. Resultado, mejor de lo que en un principio se espera y como además tienen la habilidad de convertirse en lo que les salga de las gónadas, se soluciona rápido el asunto.
La Fuerza ser poderosa en tí.
El tema del Mad Doctor siempre ha molado un huevo y parte del otro. Rotwang en Metrópolis V. Frankenstein, Dr. Jekyll, Dr. Moreau, Emmet Brown y Herbert West son algunos de los más conocidos. Aquí por similitudes Cthulhulianas se asemeja más con el Sr. West que con el resto. Por ahora la película gana, ¿eh?. Esperad que ahora viene lo bueno.
Como he dicho, el bicho camuflado como Desmond decide joder a la humanidad. Lindy, una amiga de la familia acaba en urgencias debido a que el muy hijoputa le ha fundido la boca con el teléfono de casa al cual estaba pegada cotilleando todo el día, para beneficio de la compañía. A un chapuzas amigo, llamado Floyd, intenta putearlo pero este le mete dos cables por el ojete inhabilitando temporalmente este cuerpo, por lo que decide transformarse en la sirviente Emma y seducirlo en el baño. Podéis imaginarlo, tetaca y muerte al canto.
Más tarde, el promiscuo reverendo Lawrence Newman, compañero de Nathan en la universidad, entra en el cuarto de Angélica, porque oye ruidos de jolgorio que tendrán eróticas consecuencias. Allí, Angélica se encuentra acojonada porque Desmond – ya recuperado del calambrazo – se encuentra suspendido del techo y un enorme DRAGÓN sale de su bragueta con intenciones deshonestas.
Sam y Jasmine, junto al mejor amigo de este, un tal Alex, son informados por la muchacha de todo el tinglado y que la única forma de parar al falso Desmond es atrayéndolo al portal de donde salieron, para meterlo allí y utilizando anticongelante, evitar que la explosión producida pueda destruir la mitad del planeta tierra. Al final, lo que os imagináis. Desmond pica, le mandan de una patada a su dimensión, la explosión del portal mola por lo cutre que es y ella le confiesa a Sam que no sabe cuanto tiempo podrá vivir fuera de su dimensión pero que quiere intentar mantener una relación con él en donde culebreen y culeen constantemente.
El filme tiene su cosilla, pero no llega al extremo de clásico como Munchies, Beasties ó Hobgoblins. Aún así, es destacable el esfuerzo de mezcla de géneros desde los mitos, pasando por lo Gremlins y por el Mad doctor todo tiene cabida en esta trepidante aventura que no debéis de dejar pasar si habéis conseguido superar el resto de pruebas a las que os he sometido en la presentación de sus productos.
¡Hala! ¡Hasta la semana que viene, frikis!

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